Biografía

de

Periodista y Escritor

Por Carlos Viñas del Valle (Periodista)

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Legado del insuperable corresponsal del diarioPueblo” en Nueva York

(1919-1995)

 

 

 

 

Dedicatoria

 

            Con estas páginas de Internet que recogen lo más granado de su labor periodística, literaria y ensayística de toda una vida profesional, su familia, los que lo apreciaron y admiraron, quieren rendirle el entrañable homenaje que se merece, que servirá sobre todo para que periodistas y estudiosos puedan apreciar el grado de conocimiento y competencia que alcanzó en sus especialidades, la política internacional y la propia de los EE.UU., que conoció bien tras su estancia de diez años, sin desdeñar el pormenorizado análisis de la actualidad española que le tocó vivir con los gobiernos de la UCD y del Psoe.  

 

 

Semblanza

 

            El día en que un muy joven Blanco Tobío dejó su pueblo natal de Lérez, a un puñado de kilómetros de Pontevedra, para trasladarse a Madrid, empezó la que habría de ser una de las más brillantes trayectorias periodísticas personales en España. Lo supo desde el primer momento Juan Aparicio, fundador de la Escuela Oficial de Periodismo, que siempre demostró un fino olfato para descubrir a aquella clase de jóvenes de la posguerra que hubieron de hacerse a sí mismos en la profesión, doctorándose a fuerza del bregar diario, auspiciados por el entusiasmo y el afán por plasmar sus ideas ante la máquina de escribir. Algunos pudieron seguir desarrollándolas desde el primer día; otros, los más, acabaron encauzándose en otros cometidos, como consecuencia de acomodos en las redacciones o requerimientos de los propios directores, impulsores en la práctica de genuinas escuelas de periodismo. El tiempo demostró con creces que de aquellas generaciones salieron los mejores profesionales con que contó España.

 

       Blanco Tobío entró muy pronto a trabajar en “Pueblo”, el diario vespertino madrileño de la calle Huertas, que convirtió en el más leído su director Emilio Romero entre 1952 y 1975. Desde el primer momento pudo dedicarse a lo que más le gustaba: el panorama político internacional, elección oportuna por el interés que en periódicos y lectores suscitaban las tensiones que generaba en el mundo la llamada guerra fría desde mediados de la década de los cincuenta. Y le llega el gran día a Manolo –como lo conocían sus amigos y compañeros-: la decisión de su director Emilio Romero de enviarlo de corresponsal a Nueva York, que acepta sin pensarlo, tratándose del destino más ansiado de un periodista en unos años en que no había mucho de que escribir en España. Contaba a la sazón 37 años, estaba casado y tenía cuatro hijos. Juntos embarcan en el puerto de Algeciras con rumbo a la gran ciudad americana, a la que llegan después de una travesía de cinco días, afincándose en el apacible distrito de Jackson Heights, en el área municipal de Queens, al Este de Manhattan, donde transcurrieron sin duda los años más felices de sus vidas.

 

       Blanco Tobío, como corresponsal de “Pueblo”, desempeñó su trabajo de 1956 a 1966. Toda una década enviando documentadas y lúcidas crónicas, que obtuvieron su mayor reconocimiento en los trances más difíciles y angustiosos para el mundo que sobrevinieron con la crisis de los misiles de Cuba (1962), que a punto estuvo de desencadenar el enfrentamiento entre las dos superpotencias, y la conmoción que generó un año después el asesinato del presidente John F. Kennedy en Dallas. Pero su espíritu inquieto y observador no le permitió permanecer sólo a la expectativa de lo que se gestaba en despachos y salones de sesiones de la ONU. Supo también adentrarse en la política que movía a los EE.UU., sus personajes, sus leyes, sus costumbres, sus relaciones con los demás países, materias en suma en las que todavía hoy no ha encontrado rival en España. Los libros publicados en su etapa de corresponsal dieron cumplida y exacta fe de ello.  

 

      Regresó a Madrid a mediados de 1966 para dirigir el diario “Arriba”, que requería urgentes aires de modernización y apertura, al frente del cual permaneció cuatro años. Él los traía de su estancia neoyorquina. En 1970, el mismo afán renovador lo llevó a la dirección de la Escuela Oficial de Periodismo, en los momentos delicados en que se fraguaba su incorporación a la Universidad Complutense. En junio de 1973, el ministro de Información y Turismo Fernando Liñán lo llama para ponerle al frente de la Dirección General de Cultura Popular, cometido que desempeña durante cuatro meses al tener que hacerse cargo de la influyente Dirección General de Prensa, en la que sólo permanece dos meses debido a las circunstancias políticas que se desencadenaron en noviembre de 1973 con el asesinato de Luis Carrero Blanco, presidente del gobierno. Se cerraba entonces su ciclo de nombramientos oficiales, lo que le permitió poder dedicarse plenamente al periodismo en todas sus manifestaciones: entrevistas, reportajes, crónicas, mesas redondas, charlas en telediarios, clases universitarias, y naturalmente las asiduas colaboraciones en el diario “ABC”. Pudo acabar también su obra ensayística más ambiciosa, “Los anglosajones”, inédita, que en su momento estará en estas páginas a su memoria dedicadas. 

 

Premios y distinciones

 

Periodista de Honor por la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa de España (1972)

Premio Nacional de Periodismo (1972)

Premio “Mariano de Cavia” (1978)

Premio “César González Ruano” (1979)

Premio Aznar de Periodismo (1979)

 

 

Sus Libros

Pájaro de otoño. Disponible aquí

USA. Patología de la prosperidad.

El guapo americano y el feo ruso.

La América invisible.

Vísperas del juicio final.

Los americanos.

Cinco zorros plateados.Disponible aquí

Los anglosajones.