............................LA GUERRA OLVIDADA
El Eco de Canarias 25-08-1974 ( Cortesía de James Phillips, nos mandó el artículo via Internet)
......................................Por Manuel Blanco Tobío
........Yo no sé si alguno de ustedes recordará una remota contienda en el Sureste de Asia, que solíamos llamar «la guerra de Vietnam» Fue una guerra que durante años y años monopolizó los titulares de la primera página de los periódicos, movilizando legiones de periodistas, de escritores, de «cameramen» de cine y televisión; una guerra que promovió innumerables y ácidos debates en los Parlamentos democráticos de todo el mundo, que lanzó a millares y millares de manifestantes contra Cancillerías, Embajadas y mansiones de ejecutivos; que encendió las cerillas con las que se plantaron fuego varias docenas de «bonzos» alrededor del mundo; que hizo desertar, drogarse o romper la cartilla militar a multitud de jóvenes norteamericanos; que puso en marcha ejércitos de «hippies», o «flower people», bajo el lema «make love, not war» (Haz el amor, no la guerra»); que fué responsable de que por primera vez los Estados Unidos perdiesen (o casi) una guerra; que costó el dinero suficiente como para hacer del Sureste de Asia la región del mundo más rica y próspera; que dió pié a grandes sensaciones periodísticas, como la publicación de los papeles secretos» del Pentágono, y a dramas personales de alto bordo, como el del fallecido presidente Lyndon B. Johnson, un tejano enorme que parecía tan invulnerable como un rinoceronte. Una guerra, en fin, que pareció que iba a sumir a USA en un irreversible colapso moral y, con un poco de mala suerte, al mundo en una horrible confrontación en Asia. Ninguna guerra inspiró tanta literatura contra la guerra; ninguna fabricó, en todas partes, tanto pacifista, ni provocó tanta escritura mural de brocha gorda, ni alzó tanta pancarta. ¿Recuerdan ustedes aquella guerra?
........Pues bien, sepan ustedes que un buen día, bajo la formidable presión del pacifismo, del antimilitarismo y del cuerpo electoral americano, los Estados Unidos repatriaron a su último soldado en Vietnam, se pasó de los campos de batalla a las mesas redondas de las negociaciones, se llegó a un montón de acuerdos y todo el mundo se calmó, suspiró y dijo: «Gracias a Dios, se acabó Vietnam».
........Pues no se acabó, ni mucho menos. Tras algunos meses de "black out" informativo, seguramente porque los «cameramen» estaban en el Sinaí o Santiago de Chile, o la Plaza del Rocío, o Dios sabe dónde. las pantallas de la TV y los periódicos han vuelto a los viejos y olvidados escenarios de Saigón, de Ben Hoa, de los arrozales de Laos o Cambodia, para traernos, sin previo aviso, las familiares imágenes de antaño, en las que podemos ver cómo los norvietnamitas, los survietnamitas, los laosianos y cambodianos, continúan matándose con el armamento más moderno, exactamente igual que en los buenos tiempos de Da Nanhg y el Tetè, pero eso sí, sin que ningún muchacho de lowa u Oklahoma se interfiera en las matanzas, que transcurren en medio de un admirable silencio informativo sólo alterado cuando el verano de las clases políticas de Occidente deja a los estudios de TV en secano.
........En fin: que la guerra de Vietnam y del resto del Sureste Asiático no ha terminado. ¿Por qué, en cambio, ha terminado todo lo que se movía alrededor de ella, y que relaté, tal vez prolijamente, más arriba? ¿Es que han dejado de afligirnos los sufrimientos del pueblo vietnamita? No. Nada de eso. Lo que ocurre es que del guión de aquella película que era la guerra del Vietnam ha desaparecido el «malo» y sólo quedan ya los buenos. El «malo» era el Tío Sam, y eso es como la venganza del acomodador, cuando le dijo al espectador que no le dio propina: «El asesino es el juez».
Manuel Blanco Tobío